Ocho días sin ver a su madre y su familia.
Ojos hundidos por la deshidratación.
No hay lágrimas porque los más pequeños siempre guardan la esperanza.
No hay dolor porque la vida es todavía un juego para ellos.
Por eso, cuando se hace la luz, cuando se acaba la pesadilla… siempre hay una impresionante sonrisa.
Kiki ha vuelto y viene para terminar el juego…

Kiki regala a su madre la mayor de las sonrisas vista en estos días por Puerto Príncipe.